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Mujer en silla de ruedas, de espaldas, en un mirador contemplando las montañas por la tarde

Reflexiones

Una fe que se vive en lo cotidiano

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A veces dividimos la vida en dos cajones. En uno ponemos lo «espiritual»: el culto del domingo, la oración, la lectura de la Biblia. En el otro, todo lo demás: el trabajo, la compra, las facturas, los platos sin fregar, los atascos. Sin darnos cuenta, pensamos que Dios solo tiene que ver con el primer cajón.

Pero la Biblia no conoce esa separación. Para Dios, toda tu vida es terreno sagrado.

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Colosenses 3:17

1. Dios está en lo pequeño

Fíjate en la expresión: «todo lo que hacéis». No dice «las cosas importantes» ni «lo que hacéis en la iglesia». Dice todo. Doblar la ropa, contestar un correo, preparar la comida, cuidar de alguien, esperar en la cola del médico.

Pablo llega a decirlo de una forma casi sorprendente: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Corintios 10:31). Hasta comer y beber puede ser una forma de honrar a Dios.

Y unos versículos más adelante añade: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Colosenses 3:23). Esto cambia la manera de ver ese trabajo que nadie agradece. Aunque nadie lo vea, Dios sí lo ve.

2. Una fe que se nota

Santiago lo dice sin rodeos: «Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma» (Santiago 2:17).

Santiago no está diciendo que nos ganemos la salvación con buenas acciones. La Biblia es clara en que somos salvos por gracia, por medio de la fe en Jesús. Lo que dice es que una fe verdadera no se queda quieta. Igual que un árbol sano da fruto, una fe viva se nota en la manera de vivir.

Jesús lo expresó así: «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16). La meta no es que te admiren a ti, sino que otros vean a Dios a través de tu vida.

3. Dar gracias en medio de la rutina

Colosenses 3:17 termina con una pequeña clave: «dando gracias a Dios Padre». La gratitud transforma la rutina. El mismo trayecto de cada día, la misma mesa, las mismas tareas, pueden convertirse en ocasiones para reconocer la bondad de Dios.

Cada mañana es un regalo nuevo: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad» (Lamentaciones 3:22-23). Si quieres llevar contigo algunas promesas para la rutina, te recomiendo Versículos para el día a día.

4. Amar a quien tienes cerca

A menudo pensamos que servir a Dios es algo grande y lejano. Pero la mayoría de las veces empieza en la puerta de al lado. El profeta Miqueas lo resumió así: «Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios» (Miqueas 6:8).

Hacer justicia puede ser algo tan concreto como ser honesta en el trabajo. Amar misericordia, tener paciencia con quien te saca de quicio. Humillarte ante Dios, reconocer que le necesitas también para las cosas pequeñas.

5. Ideas para vivir tu fe hoy

  • Empieza el día con una oración corta: «Señor, este día es tuyo».
  • Elige un versículo y llévalo contigo: en el móvil, en un pósit en la nevera o en la agenda.
  • Haz esa tarea que no te apetece como un regalo para Dios.
  • Busca una ocasión de ayudar a alguien sin que te lo pida.
  • Habla con Dios durante el día, con frases sencillas, mientras haces tus cosas.
  • Antes de dormir, repasa el día y da gracias por tres cosas concretas.

Si te cuesta hablar con Dios, aquí tienes una guía práctica para orar.

La fe cotidiana no suele ser espectacular. Es fidelidad en lo pequeño, día tras día. Y Dios se agrada de ella. Hoy, en medio de tu rutina, puedes vivir para Él.

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