
Hoy quiero contarte algo sencillo. Vivo con la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, una enfermedad neuromuscular hereditaria que afecta a los nervios periféricos y que debilita sobre todo los pies y las piernas. Uso silla de ruedas. Si quieres saber un poco más de mí, puedes visitar la página Sobre mí.
No te lo cuento para que sientas lástima ni para ponerme como ejemplo de nada. Te lo cuento porque en esa debilidad he conocido la gracia de Dios de una manera muy real. Y porque quizá tú también vives con un cuerpo que no responde como te gustaría, por una enfermedad, un dolor que no se va, una discapacidad o el paso de los años.
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
2 Corintios 12:9
1. Pablo también pidió que se fuera
El apóstol Pablo cuenta que le fue dado «un aguijón en mi carne» (2 Corintios 12:7). No sabemos con certeza qué era. Lo que sí sabemos es que le dolía y que pidió a Dios que se lo quitara: «respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí» (2 Corintios 12:8).
Es un consuelo saber que Pablo no fingió. No dijo «todo está bien». Oró con insistencia. Pedirle a Dios alivio no es falta de fe: es confiar en que le importa lo que nos pasa.
2. Una respuesta distinta a la esperada
Dios respondió a Pablo, pero no como él esperaba. No le quitó el aguijón. Le dio algo más: «Bástate mi gracia».
Bastar significa ser suficiente. Dios no le prometió que el problema desaparecería, sino que su gracia sería suficiente para vivir con él. Dios puede sanar, y le podemos pedir que lo haga. Pero la Biblia no promete que siempre vaya a hacerlo en esta vida. Lo que sí promete es que su gracia no se agota.
Y añade algo sorprendente: «mi poder se perfecciona en la debilidad». Es decir, el poder de Dios se ve con más claridad precisamente donde nosotros no llegamos.
3. La debilidad no es lo contrario de la fe
Vivimos en una sociedad que valora la autonomía, la productividad y la imagen. Cuando el cuerpo falla, es fácil sentir que valemos menos o que no tenemos nada que aportar. Pero Pablo llega a decir: «porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Corintios 12:10).
Ser una persona con discapacidad o con una enfermedad no te hace menos valiosa ante Dios ni menos útil en su reino. Pablo lo explica con una imagen preciosa: «Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4:7). El barro es frágil, pero lleva dentro un tesoro. Y la fragilidad del recipiente hace más visible de quién es el poder.
4. El cuerpo se desgasta, pero el interior se renueva
Unos capítulos antes, en la misma carta, Pablo había escrito:
«Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:16-18).
El cuerpo de todos se desgasta; en algunos casos, simplemente se nota más. Pero hay una renovación interior que la debilidad no puede detener. Cuando Pablo habla de una «leve tribulación», no está quitando importancia al dolor: él sufrió muchísimo. Lo que hace es ponerlo en perspectiva, al lado de una gloria eterna que pesa mucho más.
No se trata de ignorar lo que se ve, sino de no quedarnos solo en ello.
5. Una porción que no se pierde
El salmista lo expresó así: «Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre» (Salmo 73:26).
El cuerpo puede fallar. Las fuerzas pueden faltar. Pero Dios sigue siendo roca firme y la herencia que nadie nos puede quitar. Si quieres profundizar en lo que significa la gracia, te recomiendo leer La gracia de Dios: lo que cambia todo.
Si tu cuerpo también es débil
- Habla con Dios con sinceridad: puedes pedirle alivio, como hizo Pablo, y contarle cómo te sientes.
- Pide gracia para hoy, no para todo el mes. Su gracia basta para cada día.
- Recuerda que tu valor no depende de lo que tu cuerpo puede hacer.
- Deja que otros te ayuden. Recibir también forma parte de la vida en comunidad.
- Busca cada día algo por lo que dar gracias, aunque sea pequeño.
- Lee despacio 2 Corintios 4 y 12, y subraya lo que te hable al corazón.
No sé cuál es tu debilidad. Pero sé que la gracia de Dios no depende de tus fuerzas. Hoy, con el cuerpo que tienes y tal como estás, puedes apoyarte en Él. Su gracia te basta.


